INFLACIÓN 2018: LA CLAVE SALARIAL
Por Gabriel Rubinstein
La tasa
de interés real esperada ha subido fuertemente durante 2017, pasando del 2,1%
en febrero al 8,4% en setiembre[i].
Sin embargo, la inflación esperada a 12
meses[ii],
bajó al comienzo, desde 19,7% a 17,5% en
abril, cuando las tasas de interés aún no habían subido tanto (de 2,1% a 4,1%).
Luego, la inflación esperada casi no se movió, mostrándose muy insensible a la suba de las
tasas reales esperadas desde el 4,1% al 9,0%
(ver gráfico).
Este
comportamiento genera dudas sobre la efectividad de la tasa de interés, al
menos como único instrumento antinflacionario. Es que cuando el BCRA sube las
tasas de interés, y lo hace fuertemente, se esperaría, entre otras cosas, que
los sindicatos moderasen sus pretensiones salariales, y los empresarios bajaran
los márgenes de ganancias.
Visto
desde el punto de vista de los costos de producción, la canasta de bienes y
servicios que compone el IPC, contendría aproximadamente, un 50% de costo
salarial, y un 20% de márgenes (brutos[iii])
empresariales.
Si la
fijación de salarios y márgenes se muestra muy insensible a la suba de tasas de
interés (que es lo que ha venido ocurriendo), estamos ante un problema: el BCRA
intenta compensar ello con más subas de tasas de interés, y esto a su vez
impulsa ciertos desequilibrios: problemas en las empresas endeudadas, menos
incentivos a la inversión, crecimiento más bajo que el que sería con tasas más
bajas, y tendencia al atraso cambiario.
Que se
puede hacer entonces?
Lo mejor
sería (desde mi punto de vista) es que el resto del Gobierno se tome “en serio”
las metas de inflación, especialmente a la hora de definir los aumentos de los
salarios estatales, cosa que lamentable no ocurrió ni en 2016 ni en 2017
(aunque mejoró respecto a las muy malas decisiones de 2016).
Para
2018, tomarse en serio las metas de inflación, implicaría un esquema de
fijación de salarios públicos como el siguiente:
a)
Los
salarios deberían subir en base a 2 variables: indexación más aumento de
salario real
b)
Idealmente,
el salario real debería subir por productividad. En promedio del sector público
difícil pensar, con tanta gente redundante, sobre todo en provincias y
municipios, sea positivo. Además, acorde al plan de que el gasto público no
aumente más que la inflación, sería conducente evitar los salarios aumenten más
que la inflación. Pero, puja política mediante, supongamos se acordara una suba
de 1 punto por encima de la inflación
c)
El
BCRA ha dicho que la inflación mínima será 8%. De modo que el salario debería
crecer mínimamente, un 8%, más el factor real, de 1%, es decir, un 9%
d)
A
esto habría que agregarle una cláusula gatillo, por lo que aumente la inflación
más allá de 8%. De modo que si la inflación es 10% (meta para 2018), el salario
creciera 11% (8% base + 1% real + 2% gatillo). Y si es 15% (como dice el REM),
el salario aumentaría 16% (8%+1%+7%).
e)
Dada
la estacionalidad del IPC (por aumentos tarifarios concentrados en los primeros
meses del año, y en parte, últimos meses del 2017), el aumento del 9% no
debiera ser parejo, sino más alto al comienzo, de modo de no activar cláusula
gatillo prematuramente.
Si esto
se hiciera así, que pasaría?
1)
Habría
más chances de que en el sector privado las paritarias también se acomoden
(discutiendo sólo el salario real, en función de la productividad y el poder
político en cada gremio)
2)
Si
por ejemplo, en promedio el salario aumentara 10% (8% de base más 2%
productividad), considerando aumentos de precios regulados promedio durante
2018 del 20,4% (38% energéticos y 13% transportes y otros), suponiendo una leve
baja de los márgenes empresariales (mark up sobre costos bajando del 25,1% al
24,8%), y suponiendo el dólar aumentara 2 puntos menos que salarios (es decir
8%), sería realista estimar un IPC en 2018 del 10,3%.
3)
Es
decir, que el IPC aumentaría dentro de la banda 8%-12%. Pero, faltaría una
segunda ronda, gatillada justamente por la “cláusula gatillo”. Si esta fuera
disparada p.ej. trimestralmente, el salario promedio crecería ya no 10% sino
12,3%[iv].
4)
Sin
cambios en regulados (aumentos pre fijados), ni márgenes (mismo % de mark up),
y con dólar subiendo 2 puntos menos que salarios (no 8% sino 10,5%), el IPC
aumentaría finalmente un 12,5%.
5)
Es
decir, la meta prácticamente sería cumplida en su límite máximo, con un muy
leve desvío (0,5 puntos respecto a máximo desvío aceptado). Y las chances de ir
a un dígito en 2019 serían entonces muy altas.
6)
Nótese
que no incluimos hasta aquí a la tasa de interés, lo cual en principio daría
pie a pensar que podría todo lo anterior lograrse en un marco de tasas de
interés reales más bajas que las actuales (a mi entender, bastante más bajas).
En
síntesis:
El
Gobierno hace bien en tener metas de inflación percibidas como ambiciosas, y en
alentar al BCRA a que haga lo necesario para su logro.
Pero
tiene que acompañar esto con una convicción en la negociación salarial de la
que hasta ahora careció. Convicción no significa intentar perjudicar al
asalariado, ya que el lema es “nadie va perder poder de compra”.
Se trata
simplemente, de que las metas de inflación no sean “las metas del BCRA”, sino
las “metas del Gobierno”. Y que todos trabajen, en serio, al logro de ese
cometido.
"El BCRA ha dicho que la inflación mínima será 8%". Y se puede saber de donde catzos sacó semejante supuesto el BCRA? Cuál es la validez de fijar metas incumplibles, sin explicar de donde provienen, que lo único que hacen es mellar su (ya baja) credibilidad? Alguien supone que con la inflación terminando 2017 en 1,2/1,3 mensual (hipótesis optimista, a esta altura), algún gremio va a "aceptar" partir para el 2018 de un 8% (por más cláusula gatillo que contenga)? Mundo real, please
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